He oído muchas veces decir que los hijos provocan
alegría y dolor desde que nacen, pero que las alegrías son tan grandes que
superan con creces cualquier sufrimiento o ápice de dolor.
Pero hace unos años descubrí que los hijos duelen
incluso antes de tenerlos, he podido ver desde muy cerca amigas luchar durante
años contra su cuerpo por el deseo de ser madres recurriendo a fecundación,
inseminación o adopción. Madres con un deseo tan grande que han sacrificado
tiempo, salud y dinero que no tenían, madres que sin serlo lo han sentido y
deseado y que han derramado tantas lágrimas por un deseo que no conseguían
hacer realidad.
Algunas lo consiguieron y tienen hoy entre sus
brazos a esa pequeña personita que las hace tremendamente feliz y que les roba
parte de su vida y es que desde el momento que las tienen les entregan todo su
ser. Pero muchas aún seguimos luchando por conseguir ese sentimiento, esa
sensación, esa plenitud...
Ser madre duele, pero duele desde que deseas
serlo y pasan los meses sin que lo consigas, cuando lo consigue duele porque el
miedo a que todo vaya bien es tan grande que asusta, duele cuando lo ves nacer
porque deseas que sea feliz y sano y que nunca le pase nada malo y lo peor es
que nunca deja de doler.
Lo curioso es que a pesar de que el parto es tan
doloroso no es lo que nos preocupa porque lo que nos ciega es pensar en ellos, mi madre siempre dice que lo somos todo en su vida y que lo daría todo por nosotros y es que desde que nacimos ella dejó de importar para centrarse sólo en nosotros.
Aunque no soy madre siento ese
dolor, el dolor de no poder llegar a serlo, el dolor de desearlo y no tenerlo,
pero también pienso en el dolor de esos 9 meses, el dolor de cuando va
creciendo de ese miedo a que pueda ocurrirle algo.
Ahora tengo miedo, miedo a los
meses que quedan por venir, a las respuestas que voy a recibir, a las pruebas,
a las listas, al tiempo, a los fracasos y contratiempos. Tengo miedo a no poder
soportar ese dolor pero sobretodo tengo miedo a no llegar a
sentir ese amor tan grande que se convierte en dolor.
Con la vista puesta en el 17 de Octubre intento
controlar mi dolor, mi miedo, intento que mi cabeza me de un respiro y huyo de
esas horas vacías en la que mi cabeza no para de pensar. No se aún las lágrimas
que me quedan por verter, el miedo que pasaré, el dolor o el sufrimiento que sentiré pero se que el dolor de mi madre será aun mayor y sólo por eso necesito sacar
todas mis fuerzas y ser más fuerte que él.
Estrellita que me miras desde el cielo ayudame a soportar ese dolor!!


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